Los sueños

Uno no puede afirmar que soñar es de ilusos, porque se acaba de levantar de la cama y lo primero que ha hecho a sido encender el móvil a ver si le había llamado la persona de sus sueños.
Para soñar no hace falta dormir, es más, ahora mismo estamos soñando cosas, por supuesto no son lo sueños extraños que tenemos mientras dormimos, pero seguro que alguno de nosotros ahora mismo estará soñando con una moto roja que sale en la publicidad de la página anterior o quizá en recibir su primer beso...
¡Bueno lo que sea que no me interesan para nada los sueños de los demás! Aun que alguna vez haya intentado adivinarlos y esto lo hemos hecho todos. Hemos querido conocer los sueños de otras personas y hacerlos coincidir con los nuestros. De esta manera es como preciosos sueños se pueden convertir en pesadillas, pero pesadillas muy pesadas. Un sueño es algo personal, y si el soñador quiere transferirlo, significa que le tiene mucho aprecio y confianza a las personas a las que se lo cuentan. Y estas para agradecerle el gesto, expontáneamnte les tendrían que contar sus sueños. De esta manera fortaleceríamos nuestra amistad.
A menudo decimos haber tenido una pesadilla, sobre todo los niños pequeños, y definimos la pesadilla como la proyección en nuestra mente de una mala vivencia en la que suelen aparecer nuestros familiares más cercanos. Pero quiero apuntar que no hay mayor pesadilla que tener que renunciar a un sueño. Porque renunciar a una parte de nuestra vida, a algo que ya hemos vivido es fácil. Pero renunciar a un sueño. Posiblemente sea la segunda cosa más difícil que se os pueda plantear en esta vida. Por detrás de tener que abandonar un sueño hecho realidad.
Como despedida diré lo que se dice mucho por ahí: ¡NO SUEÑES LA VIDA; VIVE TUS SUEÑOS!



